miércoles, 11 de marzo de 2015

Silencio, Canta Agujetas




Durante casi dos horas, la Guarida del Ángel se tornó el pasado viernes de madrugada en el centro neurálgico del cante. Precisamente eso, una guarida donde se cobijaron todos esos aspectos caprichosos y duendísticos donde se fusionan la sabiduría y grandeza del cante clásico y jondo con la naturalidad y desnudez de un hombre sin tiempo. No pretendan entenderlo, pero sí sentirlo, el hecho real por el cual cada vez que Manuel de los Santos Pastor, “Agujetas de Jerez”, sale al escenario, un silencio cortante y sepulcral hace su presencia cual epifanía, para recrearse y transmutarse en silencio estremecido cada vez que este cantaor se duele y se conduele con su voz. Craso error cobran aquellos que pretenden analizar o encasillar a este rebelde cantaor, pues el arte, ese que se queda solo porque siempre lo estuvo, es por viejo y sabio… libre. Esa libertad que Agujetas atesora la da precisamente el saber de las entrañas y las tripas del cante, con la más culta de las culturas, la de vivir y haber vivido una pureza sin igual, la de su familia, y la de saber sufrirse cantando. Y digo bien saber sufrirse, pues el cante, ese que arrebata y conmueve, se dice con fatigas, como el toreo de Paula, ese que se queja en los huesos para hacer temblar a los corazones.

Y aquí entenderá y sentirá aquel que sepa y pueda, pues no todos están dotados de esa sensibilidad y esa verdad. E ignorantes… ya se sabe, se cuentan por imperios. Yo me quedo con la fuerza de este hombre sin tiempo, ese que habla y dice lo que quiere, con y sin razón, pero fiel a su espíritu, ese que indomable y primitivo quintaesencia al martinete, la soleá y la seguiriya con un metal que hasta hiere y sangra al silencio. Y queda al final de su actuación esa sensación, gozosa y vacía, de haber vuelto a poner al cante en su lugar, ese lugar que muchos procuran desvirtuar y prostituir, y que gracias a supervivientes como él podemos seguir creyendo en que cuando la pureza llega… lo borra todo.

 

Publicado en Viva Jerez el viernes 6 de marzo de 2015

viernes, 6 de marzo de 2015

Esas Des-Bellas Des-Artes



Resulta ya casi tradicional escuchar los cantazos y cantinelas que esos que distinguen y otorgan las medallas de oro a las Bellas Artes nos comunican año tras año. Y es que esta distinción, antaño señera y justa, ha terminado transfigurándose en algo parecido a un mercadillo o tienda de chinos donde poco cuesta y nada vale. No se entiende el cómo ni el porqué, aunque sí el cuándo, en el que esos que eligen deciden mostrar pleitesía al toreo clásico y tal como la propia medalla cobra nombre de “Bellas Artes”, y tras unas primeras concesiones fieles al buen concepto, en las posteriores ediciones hacen apología del “dar por dar con tal de figurar”. Y si ningún favor hacen los que conceden, flaco favor hacen esos muchos medios que bendicen dichas concesiones, sea quien sea el premiado, bajo la bandera de que en realidad se premia a la tauromaquia y que es una forma de reivindicar el toreo en cultura ante las otras artes.

Y es que no se debe dar por dar, precisamente porque es en la justa selección, aderezada por un juicio cabal y razonable, cuando se distingue y da auge al premio, sea cual fuere. Y si ello implica que pasen largos años sin concesiones pues mayor honor tanto para el arte como para el artista. Con todo, siempre pensé que son los premiados los que dan categoría a los premios, y no al revés. Por ello, manifiesto que esta hoy medalla de mercadillo, se aprovechó de los nombres de Antonio Ordóñez, Ángel Luis Bienvenida, Antoñete, Paco Camino, Manolo Vázquez, el Viti, Curro Romero y Rafael de Paula para darse crédito y significado a la denominación de “Bellas Artes”, y de muchos años para acá dar por figurar.

Mucho deberían recapacitar sobre la ética y el concepto, aunque… claro está, tanto al principio como al final de los días, el único y verdadero premio para un artista es formar parte del propio pueblo, de sus gentes, esas que en su día se unieron al sentimiento de un artista hasta hacerlo cultura misma, esencias del sentimiento de la tierra.

 

Publicado en Viva Jerez el viernes 27 de febrero de 2015

sábado, 21 de febrero de 2015

Gitanos Ensalzados y Difamados



El gitano tiene que demostrar todos los días y a todas horas que es honrado; el payo se da por hecho que es honrado, hasta que se demuestre lo contrario”. Son declaraciones de un patriarca gitano que se pudieron escuchar en el programa de TVE “Ochentéame otra vez: soy gitano”. Y es que en menos de una semana hemos podido ver sendos programas dedicados a la etnia calé, pero de muy diferente índole. Dicho programa de TVE me pareció toda una declaración de honradez, seriedad y fidelidad a lo que es la verdadera cultura gitana, con sus luces y sombras, resaltando su arte (toreo, cante y baile) como forma natural de su expresión sufrida, y no por ello ocultando lo dificultoso y tortuoso de ser gitano en una sociedad harto discriminatoria, la cual no cesa de enriquecerse de su folclore cuando le conviene o le viene en gana y a su vez incriminar y difamar a esta raza a las primeras de cambio. Con todo, interesantísimo documento, lleno de fondo y trasfondo tratado con la sensibilidad que se merece.

La cruz de la moneda fue ese otro programa de la Cuatro de cuyo nombre no quiero acordarme, el cual, llevado por los Chunguitos (algo así como los payasos de la tele pero sin gracia ni sentido común), hace de los gitanos una especie de nómadas sin más declaración ni intención que la de ridiculizarse y caer en el más injusto tópico del gitano sin clase ni base. Flaco favor le hacen a su propia raza estos personajes, los cuales se venden al mejor postor para ensalzar como Salazar que son lo que por historia tanto nos cuesta limpiar. Y es que, miren ustedes, tanto gitanos como payos, los hay buenos, malos y regulares. Lo último que los gitanos necesitamos es que este tipo de programas nos presente algo así como monos de feria, sin educación ni respeto. Para mí, programas como el de la Cuatro me parecen dañinos y discriminatorios, que alejan y enturbian lo que es una raza llena de bondad, dignidad y sentimiento tales que son cultura, la de la sangre de una raza que crea arte con sus fatigas. Y dejo en el aire una última cuestión: aún con sus errores, no se conoce a ningún gitano que haya hecho lo que los Puyol, Bárcenas, Blesa, Rato, Julián Muñoz… ¿quieren que siga?

 

Publicado en Viva Jerez el viernes 13 de febrero de 2015

miércoles, 28 de enero de 2015

Charlie Hebdo o La Provocación


Partiendo de la postura rotundísima de condena contra aquellos dos hermanos islamistas que asesinaron vilmente en aquel atentado de Charlie Hebdo, no podemos ni debemos estar ciegos ante esa otra arma camuflada en la democracia y la libertad  que utiliza dicha revista satíricamente. El hombre es (o debe ser) aquel que tiene el sobrado raciocinio para justificar la diferencia entre el bien y el mal. Me parece bochornosamente absurdo el hecho real de que estos dibujantes de Charlie Hebdo, bajo la bandera del humor satírico, provoquen y se mofen de todas las religiones habidas y por haber a sabiendas del daño moral y ético que ocasionan a los creyentes de buena fe. Y para los de mala fe, estas viñetas son provocaciones que sólo sirven para incentivar su maldad. Es decir, no se me ocurriría a mí darle un mechero y un bote de gasolina en medio de un bosque a alguien que sé que es un pirómano. Tampoco se me ocurriría regalarle una botella del mejor whisky escocés a un amigo que ha superado su alcoholismo, pues en ambos casos me convertiría más bien en su enemigo. Es la moral y la psicología la que nos diferencia de los animales y la barbarie. Si perdemos eso, o la mal utilizamos, perdemos el derecho a ser. Ese “ser o no ser” que nos dijera Shakespeare, es la moral o la inmoral, de la cual debemos beber o vomitar. Ni que decir tiene, por otro lado, que se precisa de la total ayuda internacional, pues es un problema del mundo, para atajar el crimen y el terror de los que se jacta el terrorismo islamista para fundamentar su sinrazón, esa misma que amenaza con matar a dos japoneses si su gobierno no paga lo que piden.

Ni Alá ni su profeta Mahoma tienen nada que ver con el mal uso que los hombres les den ni con las mentes enfermas y psicópatas que distorsionan la palabra escrita y sagrada. Pero insisto, Charlie Hebdo, este semanario francés de izquierdas, no se mofa y arremete de manera justa y razonable, pues utiliza y dispara con personajes sagrados para millones de islámicos y cristianos. No creo que el uso del dibujo y la viñeta sea una provocación menor que un “¡a ver si tienes cojones, hijo de puta!”. Termino como empecé. Lamento los hechos y condeno siempre la violencia, pero también a aquellos que incitan a ella por el solo morbo de vender más ejemplares con carnaza satírica.

 

Publicado en Viva Jerez el viernes 23 de enero de 2015

viernes, 9 de enero de 2015

Sangre y Tinta, Charlie Hebdo




Ante el atentado de los islamistas producido en París con el resultado de doce muertos a punta de pistola, no cabe más sentimiento que el de la indignación. Atentado contra el ser humano, atentado contra la libertad de expresión, atentado contra la ética y la moral, pero sobre todo, y ahí es donde más obligados estamos a pensar, atentado contra la propia religión y su fe. Y es que ya sea el dios que sea, con sus dogmas y enseñanzas, no existió dios que quisiera o admitiera la violencia y el asesinato como forma de expresión para reivindicar la palabra religiosa. Ningún dios o religión precisa de la barbarie, el horror y el temor para expresar sus inquietudes, pues cuando el ser humano sucumbe a tales extremos, no gana ningún lugar sagrado, más bien se condena a sí mismo y a su propio purgatorio, y con ella condena a su propia religión y a sus creencias. Cierto es, por otro lado, que la libertad de expresión, aquella que ejercían satíricamente en Charlie Hebdo, a veces rozaba con sus dibujos y mensajes la provocación nada diplomática y ética, pero no existe justificación para este atentado islamista tan sangriento como desequilibrado.

Pienso que la palabra siempre será la más valiente de las armas ante cualquier guerra. De hecho, las guerras pasan, pero la palabra queda. Y queda no como una epifanía romántica o mística, sino como un mensaje heroico y valiente ante lo atroz de la muerte y su política. Sin duda es la palabra la bala o la espada más letal si se sabe usar; la más amenazante y la más temida, porque no existen condenas ni cárceles que la retengan o la callen. Su mensaje es universal e intemporal, mucho más creíble que un atentado, cuya revolución sólo lleva a su propia contradicción. Esa contradicción llevada a la frustración que supone desvirtuar la palabra sagrada por capricho de unos perversos. No es más valiente el que mata que el que dice, ni el que miente vociferando que el que calla observando. Insisto: coartar la libertad a costa del miedo es un laberinto sin salida, donde pierde el que muere y el que mata, el que se limpia las manos de sangre y el que llora, el loco que se cree sensato y el sensato que comete locuras.

 

Publicado en Viva Jerez el viernes 9 de enero de 2015


sábado, 20 de diciembre de 2014

El Toreo Sobre El Tiempo



 
No es un cuadro al que puedas mirar cuando te apetece, tampoco un libro que deseas releer para recordar aquellos versos o párrafos. No es esa canción a la que tus oídos echan mano para levantar tu ánimo poniendo un cd.... El arte del toreo esconde su intrínseco e indescifrable misterio. Estamos ante una expresión única que discurre en ese estado de trance entre lo efímero y lo imposible. Lo que en la arena ocurre, ya sea una media verónica o un trincherazo, dura lo que un abrir y cerrar de ojos, con la sola red cautivadora que significa hacerlo con sentimiento o no. Amparados en esa red cautivadora, como la de esos pescadores que se lanzan al hondo mar buscando peces, sólo algunos toreros han sabido y podido desafiar al mismísimo tiempo, la ley espacio tiempo, para no caer en el olvido y acrecentar su toreo al nivel de arte sobre las demás artes. Justo es decir que asumo que, como aficionado, mis huesos y mi espíritu se retiraron en aquella feria del 2000, cuando Rafael de Paula se arrancó la coleta. Hoy por ser hoy, y antes por ser antes, en la mayoría de las corridas a las que asistía, apenas me acordaba de nada al día siguiente. Es decir, el toreo no aposenta mayor retentiva en la memoria que la pureza y el sentimiento que unos pocos privilegiados han sido capaces de transmitir; aquel misterio que refería Rafael el Gallo, decirlo o no decirlo, sí, pero sobre todo... tenerlo o no tenerlo, pues es imposible e inútil buscar el milagro en aquellos que no lo tienen. Craso error con el que hoy muchos comulgan. Poder hoy cerrar los ojos y recordar faenas mágicas y misteriosas de Paula o Curro que transcurrieron hace ya dos décadas o más no me resulta ningún esfuerzo de tiempo o razón, sino más allá una invitación que el propio tiempo me concede para gozo o sufrimiento de mis sentimientos. Digo bien gozo y sufrimiento, pues lo sublime y lo genial que mis ojos han visto y oído,  han transcurrido en ese extraño cauce del sufrir y del gozar, una angustiosa relación de drama y tragedia en aras de la sublime belleza. Jamás por ello he entendido a la tauromaquia como una alegre o circense explosión de entusiasmo y entretenimiento, pues eso no es el toreo, sino como un rito, diría que sagrado, con el que enriquecerme sufriendo, bellísimo sufrimiento que dirían Santa Teresa y San Juan de la Cruz. En el toreo, sólo vive y pervive aquello que se ejecuta sin más razón que la verdad y su pureza, por ello la mentira y la farsa no tienen memoria, pues se mueven en las lindes de las estadísticas y lo superfluo, aquello que presume ser de lo que jamás podrá ser. El toreo es la emoción del misterio, aquel que sin ser pintura ni ser música, algunos seguimos oyendo cuando los aires del tiempo lo dibujan en el recuerdo.

 

Publicado en Viva Jerez el viernes 19 de diciembre de 2014


lunes, 8 de diciembre de 2014

Flamenco o Cante Gitano



Cuando escuchas las nuevas direcciones que ha tomado el flamenco en las últimas tres décadas, te das cuenta que poco o nada tiene que ver con la raíz de este arte. El flamenco se ha diluido en un mar de fusiones en aras de un estado comercial tan difuso y confuso que parece que todo vale. El flamenco de hoy es una patraña, triste y embustera que miente más que habla y vomita más que recita. Me viene a la mente una entrevista al que es el gran patriarca de la guitarra gitana y jonda, llamado Manuel Morao, en la cual expresaba sabiamente la gran diferencia entre el cante flamenco y el cante gitano. Daba a entender este emperador de las cuerdas oscuras, que el flamenco en sí no es nada, más bien un invento del mundo empeñado en no llamarlo “cante gitano”. Inclusive un intelectual del calado de Lorca quiso denominarlo “cante jondo”, nuevamente empeñado en no darle a este vino su real denominación de origen. Ciertamente ha existido una encrucijada a principios y mediados del siglo pasado para no llamar a esta expresión de cante herío “cante gitano”, pretendiendo negar su vinculación cierta y fidedigna en post del interés comercial del mundo payo. Esta inexcusable “caza de brujas” ni es nueva ni a nadie sorprende. Es decir, el mundo gitano siempre fue marginado y mal visto (con o sin razón). Por ello, llamar al “cante gitano” como tal era tan mal entendido que era preferible abrir el coto de caza y llamarlo “flamenco”, donde todos caben y que tal como define el gran Manuel Morao… no es nada. Por todo ello, es necesario saber distinguir ese sentimiento con el que uno nace, arrebatador, íntimo y ancestral y que nos dice calladamente el camino de la pureza y sus senderos. Porque una cosa es el toque de Morao y Moraíto, como el cante de Chocolate y Agujetas, a quienes denomino “quejíos gitanos”, y otra es el flamenco, donde todo cabe y nada hay.

Es más que probable que muchos de los cantaores y tocaores actuales hayan confundido el término evolucionar con desvirtuar. Aunque, justo es considerarlo, sea en ese “desvirtuar” donde muchos hayan encontrado el pan de cada día. Pero esto no les exime de ser hipócritas en sí, pues pretenden vender lo que no son. Yo me quedo con el cante gitano, ese que a través de Manuel Torres no ha cesado de emocionar, improvisar y crear, pasando por esos intérpretes, fieles y dignos, de un son y compás sin más razón de ser que el de la sangre y la creación. Ojalá las nuevas generaciones, gitanas o payas, sepan beber de la fuente del agua oscura como la de ese Manuel Morao, fiel a sus formas y normas, y que, por cierto… ya debería tener un monumento en Jerez.

 

Publicado en Viva Jerez el viernes 28 de noviembre de 2014